Hace varios días que quiero escribir de Roma y no me sale. Arranqué tantas veces como abandoné (creanme si les digo que han sido unas cuantas) pero nada. Nada de nada.

En Barcelona está haciendo mucho calor y como si eso tuviera algo que ver decidí echarle la culpa al clima de mi incapacidad. Es raro lo que me pasa. Escribir sobre una ciudad de la que en realidad puedo hablar sin parar no debería ser un problema, pero acá estoy, con las dificultades dialécticas del que se quedó sin vocales en el Scrabbel y pretende jugar sólo con consonantes. Pura dificultad.

El problema, creo, es que siento por Roma una adoración tan grande que me hace pensar que si recurro a caracterizaciones comunes la estoy traicionando. Que "ciudad eterna", que "museo al aire libre", la del "tráfico insoportable", la del "olor a basura". Todas son afirmaciones ciertas e imagino que nadie criticará a quien las haga suyas. El tema es que a mi no me alcanzan.

Para mi Roma tiene un garbo rústico y desprolijo que alucina. Seduce desde la seguridad de quien se sabe interesante. Habla poco pero dice mucho. No es estirada!, decía Javier Reverte y reforzaba su afirmación: "... lo que en otro sitio pudiera parecer estrambótico o extraordinario allí resulta cotidiano."

En Roma uno se siente partícipe de la historia. El modo en que vivimos hoy es consecuencia directa de lo que sucedió allí hace más de 2000 años. Los Romanos fueron los primeros en acuñar la idea de globalización y extendieron el concepto de conectividad con la rapidez de la fibra óptica.

Rutas transitables, miles de kilómetros de caminos que desde antes de Cristo unen la ciudad eterna con territorios de Asia, Europa y Africa. No en vano todos los caminos conducen a Roma, no?. Acueductos repartidos por el globo, las bases jurídicas de gran parte del mundo occidental. Una cosa impresionante.


Por alguna razón que desconozco cuando recorro la ciudad mi cabeza funciona de modo extraño. En una suerte de rapto de trastorno de personalidad cada vez que estuve allí caminé sus adoquinadas calles sintiéndome una ciudadana antigua que vestida en lino blanco, descansa a la sombra de un olivo.

El suelo romano irradia una magia que inmediatamente desdibuja todos y cada uno de los estímulos modernos que me rodean. Soy yo, aunque más alta. Mi pelo es el mío, aunque más largo. A mi cuerpo lo impulsa una energía abrumadora. Camino en trance. Por unos días vivo aventuras paralelas, escucho la afonía del pueblo y vibro con el rugido de tigres y leones.

Roma me fascina.

Es AMOR al revés.  

Es SPQR.

'Siempre podré Quererte, Roma'.
 

12 comentarios en “ROMA PARA MI.”

  1. Ay ay ay Pepi! No conozco Roma pero me quedó latiendo fuerte el corazón! Ojalá falte poco para conocerla!

  2. que linda descripción pepi, sos tan grosa.. tan sensitiva.. en tus palabras.. gracias! abrazo

  3. Pepiiiii que post más lindo y emocionante! y qué ganas de volver a caminar esas calles!
    Roma es tan tan grande, que uno la evoca desde cualquier otra ciudad, porque cada tanto te cruzás un acueducto, o un camino, aquella columna… Me encantó eso de la idea de globalización hace mas de 2000 años!
    Beso grande!

  4. Hola Vero!!, siempre tan linda con tus mensajes!. Ojalá vuelvas pronto para este lado del charco y nos juntemos a tomar cafecitos en lugares alucinantes!!. Beso gigante y buen miercoles por alla. PEPI

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